05-06-2015

¿Educar con o sin violencia?

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La Organización de las Naciones Unidas estableció la fecha en 1982, con el propósito de reconocer el dolor que sufren los niños de todo el mundo que son víctimas de maltratos físicos, mentales y emocionales. En nuestro país, afortunadamente, los menores no sufren violencia en situación de guerra, pero igualmente se presentan escenarios preocupantes, especialmente en el seno de la propia familia.

Uno de los temas más discutidos en este sentido es la “educación” que recurre a los golpes, algo común para la época de nuestros abuelos, pero que cada vez toma menos relevancia y es más cuestionado por profesionales. De hecho, hace algunos años, la Unicef llevó adelante una campaña con el eslogan “Sin violencia se educa mejor”, con la intención de crear conciencia acerca del maltrato hacia la niñez en el ámbito familiar y su impacto en el desarrollo de la personalidad. En 2010 se hizo el último estudio sobre maltrato infantil, presentado por la mencionadad organización. La cifra es alarmante: seis de cada diez niños paraguayos sufren algún tipo de violencia en el hogar.

“CULTURA DE VIOLENCIA”

El problema en Paraguay es que existe una “cultura de violencia” y está casi naturalizado el maltrato a los niños como parte de la educación, tanto físico como verbal, comentó la psicóloga Gabriela Casco. Se debe tener en cuenta que los golpes al cuerpo son más evidentes, pero las palabras también hieren y dejan secuelas a veces más severas. “Los padres a veces recurren a una palmadita en la cola, no es grave eso. Pero la crianza basada en la violencia física quiebra la autoestima de todo niño”, explicó la profesional.

“Esa cultura de violencia es una forma rápida de que se haga lo que se quiera, y eso el niño repite luego en el colegio, y en el futuro, inclusive con su pareja”, explicó. Los padres llegan a este extremo por problemas con el respeto; es decir, los niños necesitan amar primero a sus padres, estar vinculados con ellos, a tal punto que una mirada de desaprobación o una charla sea suficiente para que se sienta aleccionado, y no llegar ni a la palmada. “El respeto se gana con amor y no con violencia. Conozco niños que adoran a sus padres y cuando le dicen que están decepcionados es suficiente”, aseguró.

HAY CARENCIAS

Llegar a la violencia es el resultado de un proceso de muchas carencias, indicó la profesional. Los padres no tienen tiempo o simplemente no establecen esta vinculación con sus hijos por otros motivos, por lo que llega el momento en el que el niño “se porta mal” y directamente recurre a los golpes a las palabras hirientes. “Todos los padres trabajan hoy día, pero por lo menos una hora al día hay que darles protagonismo, leerles un cuento”, instó. Lo que ocurre con el niño los primeros cinco años de su vida, es la base para el resto, recordó Casco. “Hasta esa edad es la etapa más importante. Si lograron esa conexión en ese tiempo, el resto de la crianza será llevadera”, explicó.

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