12-12-2016

La dimensión marginada

La educación escolar y superior deben contribuir más para el desarrollo personal integral, la calidad de vida, la convivencia y la paz.

Nuestro sistema educativo y consecuentemente los diseños curriculares que planifican estrategias para los procesos de educación y de enseñanza-aprendizaje, siguen inspirándose explícita o implícitamente en la filosofía de René Descartes (1596-1650).

El dualismo de Descartes separó radicalmente razón de emoción, la mente y el espíritu del cuerpo y la materia. Propuso que academia y ciencia se ocupen de estudiar e investigar la materia y dejó a la Iglesia el campo del espíritu. Reconoció, como la mayoría de los filósofos y antropólogos, que el ser humano tiene esencialmente la dimensión espiritual, pero consideró que esta dimensión no era objeto de la ciencia.

Este pensamiento ha sido superado filosófica y científicamente hace tiempo, y desde diversas ciencias se evidencia su error, como ha demostrado el famoso neurólogo A. Damásio con sus investigaciones divulgadas en “El error de Descartes” (1994). La neurología está en condiciones de demostrar que la conciencia de la propia existencia no viene del pensamiento (Descartes decía “Pienso luego existo”), sino de la emoción; no existe dualismo radical entre razón y emoción, entre mente y cuerpo, entre espíritu y materia.

Si el psicólogo Howard Gardner ha reconocido que hay inteligencia espiritual, aunque no logró demostrar neurológicamente en qué parte del cerebro se activa (La inteligencia reformulada, 2001), el neurólogo y físico Richard Davidson, poco después ha demostrado qué neuronas se activan durante las vivencias espirituales y ha divulgado su investigación en su libro “El perfil emocional de tu cerebro” (en castellano, 2012).

Fritjof Capra en “El Tao de la Física” (1975) deslumbra al comparar los conceptos de la física moderna (cuántica) con los de la mística de todas las épocas.

El Dr. Leandro Sequeiros, comentando el libro de A. Moya: “Biología y Espíritu” dice que “desde el ámbito de las ciencias de la naturaleza empieza a hablarse de la espiritualidad como una dimensión de la realidad viva. Y eso a pesar de que el cientifismo reduccionista defiende la superioridad de las ciencias de la naturaleza sobre las humanidades. Esta postura sin embargo ha sido superada por Stephen Jay Gould y Edward O. Wilson. Ahora el genetista Andrés Moya, Presidente de la Asociación Española de Biología Evolutiva reflexiona sobre el tema y se sitúa en el diálogo, abierto hace medio siglo”.

Coincide con la firme postura del científico y epistemólogo Ken Wilber en su investigación sobre “El espectro de la conciencia” y su conclusión sobre “Los tres ojos del conocimiento” y “El ojo del espíritu”. A todos ellos se suman los psicólogos de la “Psicología transpersonal”,(Maslow, Grof, Assagiolioli, Goleman…), los filósofos del Personalismo (Mounier, Lacroix, Nedoncelle), Therése Brosse en su obra “Conciencia-Energía” donde aporta las bases científicas del holismo, que concibe al ser humano en su totalidad y es “pionera del paradigma admitido en la ciencia actual, “la conciencia universal de naturaleza energética” que está por encima de los dos niveles considerados hasta ahora los únicos constituyentes del ser humano: el [sicológico y el fisiológico”. Finalmente entre los científicos que reconocen e investigan la dimensión espiritual, recuerdo a los pedagogos de la “Educación holística (Yuste, R. Gallegos…) y el consenso en la historia de la antropología (salvo el pequeño grupo del materialismo radical) en el reconocimiento de la dimensión espiritual del ser humano.

¿Qué argumentos puede haber para que nuestro sistema educativo y sus diseños curriculares marginen esta dimensión esencial, constituyente del ser humano? ¿Cuál es la ventaja de amputar esta dimensión en la educación?

Cuando prescindimos de nuestra dimensión espiritual somos incapaces de vivir la trascendencia, impedimos encontrar el sentido último de nuestra vida (Viktor Frank), nos paralizamos en lo inmanente, quedamos ciegos para la contemplación estética, la ética y la moral se reducen a deontologías funcionales, la mística no encuentra espacio ni siquiera en la vigencia del amor, la religión se convierte en organización, normas y ritos estériles, la unidad humana y cósmica es solo fantasía.

Sin desarrollo de la dimensión espiritual perdemos el potencial de la mayor fuente de energía, que enciende y trasciende todo nuestro ser y le pone alas hacia la liberación, el auténtico amor, la belleza, la unidad y la paz

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