17-02-2015

¿Qué pasa en las aulas? (3)

El estudio realizado fue sobre la Distribución y uso de textos escolares en Paraguay, y se compara con los resultados de estudios similares en América Latina.

Desde la perspectiva docente, los textos han sido incorporados como fuente de información para desarrollar los contenidos del programa y estos actúan como «pizarra –cuaderno». Los textos no aseguran el cumplimiento del programa y, consecuentemente, no son utilizados para la preparación de los exámenes.

Desde la perspectiva de los estudiantes con relación a la accesibilidad, aceptación y valoración de los textos, los mismos se adecuan a sus expectativas y a su realidad, tanto para estudiantes del primer como del segundo ciclo. El uso de los textos ha tenido mayor impacto en los estudiantes que en los docentes y directores.

En cuanto al involucramiento del estudiante en las clases y las tareas de aprendizaje, se constata una preocupante situación: solo en un 22 % de las horas de clase el estudiante está conectado con el aprendizaje, el 78 % del resto de horas de clase no se involucra. Este hallazgo muestra a las claras que las condiciones de la enseñanza no atrapan la atención del estudiante; está desmotivado y aburrido. En el léxico psicopedagógico, el aburrimiento es sinónimo de «aburramiento».

Entonces, ¿cuáles son las consecuencias de esta situación?, respuestas a las evaluaciones se hallan por debajo de toda métrica y de condiciones para afrontar la vida con herramientas que lo incluyan en la sociedad. En este aspecto, la formación del docente es clave para implementar estrategias que compitan con los aprendizajes y la disposición de la información que tienen los estudiantes en los medios de comunicación, a la telefonía celular, las computadoras.

Este lugar de aprendizaje tiene otros desafíos: los estudiantes del siglo XXI no son los mismos que los de los siglos XIX y XX; se hallan expuestos a las tecnologías en todos los rincones de la patria, y sus experiencias diversas —en el contacto con ellas— compiten seriamente con el pizarrón, la tiza, las estrategias del siglo XVIII, y la monotonía de las explicaciones —si las hay— porque, en general, bajo la forma «investiguen y expongan la lección» ni tan siquiera el alumno tiene contenido para confrontar, cuestionarse o refutar la enseñanza del docente.

Es importante señalar que, a 16 años de este estudio desarrollado en Paraguay, los resultados en América Latina son coincidentes y señalan las mismas debilidades: los insumos pedagógicos son poco utilizados por el docente a la hora de alentar los aprendizajes y valerse de estos recursos como soporte importante.

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