19-12-2018

Estrés escolar, un mal de los buenos padres

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¿En qué se origina la ansiedad o preocupación de los padres respecto a dar con la mejor educación? Para la psicóloga Mariana Morales, en primer lugar hay que diferenciar lo que es una preocupación normal de la ansiedad.

“Es normal que los padres nos sintamos preocupados por tomar las mejores decisiones para el bienestar y el futuro de nuestros hijos. Los amamos. Sin embargo, cuando hablamos realmente de ansiedad, nos estamos refiriendo a miedos irracionales y desproporcionados que afectan tanto a los padres como a los hijos, porque limitan las oportunidades que tienen los niños de vivir una infancia sana y feliz. Cuando los padres sufren ‘ansiedad escolar’, pueden llegar al punto de una sobreprotección que les va a privar de la libertad que necesitan para explorar el mundo, aprender a tomar decisiones e incluso aprender a equivocarse y aprender de sus errores” La profesional menciona a “los padres helicópteros”, que sobrevuelan por encima del hijo y quieren evitarle cualquier tipo de fracaso o esfuerzo. “Los fracasos y desafíos forman parte de la vida. La actitud de los padres con respecto a la escuela influye de gran manera respecto a cómo el niño aprenderá a desempeñarse en la misma, con seguridad o inseguridad, si aprenderá a manejar obstáculos académicos y sociales, o bien si se sentirá impotente a la hora de afrontar desafíos”

-Idealmente papá y mamá deberían colaborar en toda la etapa académica.

La participación de los papás en la educación de los hijos tiene formas muy diferentes en la sociedad actual. Hoy los papás se involucran más en la vida académica de los hijos, eso es importante y valioso, y que además el estudio no sea delegado exclusivamente a la madre. Uno de los problemas más frecuentes es cuando el padre participa a la hora de mirar la libreta, pero se desentiende de la gran labor de enseñarle al niño a amar el aprendizaje y enfrentar retos académicos. No hay que esperar que el chico sea adulto para involucrarse en sus decisiones. Lo ideal es que ambos padres sean proactivos y tengan conversaciones frecuentes entre ellos sobre cómo quieren llevar adelante el futuro académico de sus hijos a corto, mediano y largo plazo. Planificar cuáles son las oportunidades que ellos quieren dar a los hijos y hacer un plan de acción como un equipo.

-¿Qué ocurre cuando se asume el mandato social de enviarlo a un colegio de élite?

La selección del colegio de los chicos en muchos casos no es una decisión racional sino emocional. Están los casos de los padres que tienen en cuenta la tradición de sus padres y abuelos, y se basan en el apego a la tradición familiar. Muchas veces ambos padres lo coinvierten en motivo de conflicto conyugal, porque las discusiones se basan en aspectos emocionales que no son negociables para una o ambas partes. Otro factor emocional significativo es la creencia de que los colegios de élite garantizan el éxito académico y social de los hijos.  Muchos padres sienten una presión muy grande y una culpa si no mandan a sus hijos a un colegio caro, se creen malos padres porque sus hijos “fracasarán en la vida”. Es elemental tener en cuenta el poder adquisitivo antes de tomar una decisión acerca del colegio. Hay padres que hacen un sacrificio económico muy grande, pero luego se enfrentan a la realidad de que se sienten presionados por darles a los hijos bienes materiales que no pueden costear para que encajen en el colegio. La clave está en analizar los valores que cada familia considera importantes, y si los padres piensan que ese colegio es el más indicado para su hijo, enseñarle a desempeñarse en ese ambiente con madurez e integridad, sin perder sus valores.

-¿Existe la proyección de lo que papá o mamá quisieron ser en los hijos?

Todos quieren que sus hijos se destaquen en la vida. Mucho se trata de la creencia de que cuando los hijos son exitosos significa que fuimos exitosos como padres, pero el amor al aprendizaje, las ganas de triunfar o la elección de una carrera no puede forzarse. Es oportuno resaltar que todas las investigaciones hablan de que lo más influyente en el rendimiento en el colegio, es la actitud que los padres demuestran ante el aprendizaje. La coherencia nos dice que si en casa se valora y ama el aprendizaje, los hijos van a valorar y amar de igual manera. Se convertirá en un valor intrínseco para ellos. Lo mismo pasa con las profesiones. Cuando ven que papá, mamá o abuelo aman su profesión, el hijo tendrá una actitud favorable con respecto al trabajo, le será importante amar lo que se hace, aunque al final elija otra carrera.

-Hay padres que exageran las virtudes o subestiman la capacidad de los hijos, ¿cómo manejar esos extremos?

El estilo de crianza de los padres es fundamental a la hora de hacer que se sientan capaces y valorados. Cuando los padres se desentienden de los hijos y son negligentes, éstos no se sienten valorados y luego les resulta muy difícil relacionarse con los demás y tener una autoestima saludable. El interés por la educación es muy importante y brinda oportunidades para enseñarle al niño la importancia, por ejemplo, del esfuerzo. Un caso que suele pasar desapercibido es el de los chicos que son muy inteligentes y no tienen dificultades académicas, siempre fueron alabados por tener 5 absoluto. Estos chicos también necesitan sentir desafíos y ponerse a prueba para que puedan superar obstáculos, y sentirse valorados por sus esfuerzos, no solo por sus calificaciones.

-¿Cuál es la mejor manera de respetar la decisión o tendencia profesional de los hijos?, ¿qué es apoyar sin condiciones?

Apoyar sin condiciones significa permitir a los hijos que exploren cuáles son sus fortalezas e intereses a medida que crecen. Hacer que participen de una gran diversidad de actividades sociales y recreativas donde aprendan más sobre sí mismos y sus propias habilidades. Acompañándolos en este proceso con una actitud abierta y sabiendo que muchas veces los intereses van cambiando a medida que van madurando. Ser conscientes de que nosotros tenemos nuestros propios prejuicios con respecto a ciertas profesiones que nunca nos cuestionamos y que pueden no ser los únicos puntos de vista correctos. Enseñándoles a tomar decisiones en base a la experiencia, alentándoles para que hagan pasantías, que visiten los lugares donde se realiza el trabajo que les interesa para observar cómo se trabaja en vivo y en directo, que conversen con los profesionales para poder hacerles todas las preguntas que tengan.

-¿Qué ansían hoy los padres de una carrera para sus hijos?

Lo primero que les viene a la mente es que sigan una carrera lucrativa, que les brindará seguridad, estabilidad y prestigio.

-¿Cómo afecta la relación familiar que el hijo decida seguir algo no compartido por sus padres?

No todos los hijos comparten la misma idea, ya que ellos serán quienes tendrán que sentarse en un aula los próximos 5 ó 10 años de su vida, y serán ellos quienes tengan que dedicar muchos años de vida a algo que no les brinda satisfacción personal. Muchas son las familias que hacen un gran sacrificio económico y cuando los hijos no demuestran el mismo interés por la educación se sienten frustrados. También está el caso en que los padres cuentan con títulos universitarios prestigiosos (médico, ingeniero, etc.) y el hijo quiere ser artista, por ejemplo. Esto resulta muy difícil para los padres porque les genera un duelo por las expectativas que tenían respecto al futuro de los hijos. Esto genera tensión familiar, y si analizamos ambas posturas, las intenciones son las mejores de ambas partes. En muchos casos, los hijos optan por dar el gusto a sus padres, por cumplir, y luego siguen la carrera que les apasiona. Cuando no se logra una aceptación de la perspectiva de las dos partes, pueden surgir conflictos muy intensos.

-“¡Mi hijo ingresó!” o la desilusión de que no superó los exámenes, es otro momento clave para los padres

Los padres tienen un desafío muy grande en sus manos a la hora de que sus hijos rindan los exámenes de ingreso, porque tienen que lidiar con la ansiedad del hijo y con la de ellos mismos. Los exámenes de ingreso generan tiempos de estrés para las familias en general, y lidiar con un rechazo afecta a todas las partes. Frecuentemente me encuentro con situaciones de estrés académico en el consultorio, donde es beneficioso trabajar con los padres y poder procesar los fracasos académicos de forma constructiva y orientarles acerca de cómo motivar a los hijos y seguir adelante hasta lograr el éxito.

-¿Qué hacer para ayudar al hijo que no sabe qué estudiar o peor, no sabe para qué es bueno?

Tenemos que ser conscientes de que los jóvenes tienen mucha presión para elegir una carrera. Desde chicos se les pregunta constantemente qué quieren ser cuando sean grandes y se espera que definan pronto. Incluso nuestro sistema educativo hace que los jóvenes tengan que decir qué tipo de bachillerato quieren cursar, y esto implícitamente va delimitando sus intereses a una edad muy temprana. Por eso es importante evaluar si es algo de suma urgencia que se reciba de la facultad a los 23 años, o si puede tomarse un tiempo para explorar mejor sus intereses con experiencia laboral, haciendo cursos breves de capacitación, y recibirse un poco después. Recordemos que presionar y acelerar una decisión no es lo mismo que enseñar a tomar una buena decisión.

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